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El hombre que quiere robotizar la economía colombiana

El hombre que quiere robotizar la economía colombiana

Por Jorge Hernández

En una bodega del barrio Ricaurte en Bogotá, a tres cuadras de la estación de Transmilenio se encuentra una bodega que parece un poco salida de su entorno. Allá se encuentra el futuro: los robots industriales de Camilo Barrera.

Este bogotano de 44 años, ingeniero de automatización de la Universidad de La Salle, es el gerente general de Robotika SAS, una empresa que instala soluciones de automatización y con robots industriales en las empresas colombianas.

Camilo Barrera estima que en la economía colombiana hay algo más de 500 robots industriales instalados, y su empresa ofrece oportunidades a los empresarios del país para llevar la automatización a diferentes verticales de mercado. Las soluciones de robótica industrial mueven en la actualidad más de 98 mil millones de dólares en todo el mundo, y se espera sobrepasen los 165 mil millones para 2028. Es una revolución en marcha de la que Colombia está dando sus primeros pasos y una muestra concreta del poder de la Inteligencia Artificial.

Hay algo más de 500 robots industriales instalados en Colombia

El robot no es como lo pintan

Aunque el cine y la televisión han posicionado en el imaginario popular a los robots humanoides con capacidades asombrosas, en el mundo real los robots industriales son máquinas de propósito específico, que se hacen cargo de tareas pesadas en diferentes tipos de fábricas. Los más frecuentes son los brazos robóticos, poderosas estructuras que hacen de todo, desde ensamblar automóviles hasta empacar galletas, a razón de miles de cajas por minutos. En las instalaciones de Robotika SAS encontramos diversos modelos, de una variedad amplia de fabricantes: Fanuk, ABB, Universal Robots, Delta, Yaskawa y Mitsubishi, entre otras.

En Colombia estos robots son utilizados en labores diversas, como la carga y descarga de bultos de cemento y en la manipulación de alimentos. Esta última se convirtió en tarea crítica en tiempos de la crisis sanitaria de Covid-19, cuando fue imperativo disminuir el contacto de las personas con los productos, recuerda Barrera.

Pero no solo están disponibles robots industriales, sino que una nueva generación de robots de servicio ya está disponible en Colombia. “Se trata de aquellos que se pueden ver en hospitales y centros comerciales, y que tienen una interacción directa con las personas”, explica.

Los Kettybots, robots de servicio, constituyen una nueva línea en el portafolio de Robotika SAS

Los primeros de estos robots de servicio en Colombia son los llamados Kettybots, orientados al mercadeo y utilizados en restaurantes de cadena y hospitales. Son máquinas autónomas, con vistoso e impactante aspecto futurista, que entregan productos o exhiben información, y sin colisionar con las personas ni con las paredes o muebles, gracias a sus sensores. Hay que recordar que ninguna de estas máquinas es fabricada en Colombia. Todas son importadas.

El robot colombiano

Existen varias razones por las cuales no existe un robot nacional. “En otros países las empresas van hacia la academia para buscar soluciones de productos y robots que se estén desarrollando. En nuestro caso es al revés, las universidades van hacia las empresas para ofrecerles talento humano y productos” afirma Barrera.

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Incluso dentro de la misma academia existe una competencia entre las diferentes instituciones educativas para ofrecer su propia versión de robot. De nuevo, al compararnos con naciones líderes en robótica, como Japón, los robots son un esfuerzo colectivo y nacional. “La fabricación de robots requiere muchísimas piezas de alta tecnología, servomotores, placas integradas, electrónica, sensores, etc.”.

Cuando una empresa llega a una universidad con una necesidad específica, muchas veces la academia les responde que pueden resolver esa inquietud, pero en seis meses o más”. Un lapso que la mayoría de las empresas no puede darse el lujo de esperar.

Un negocio familiar y algo de ficción

Barrera es el líder de su empresa, pero Robotika SAS es un negocio familiar donde su padre y hermano complementan la visión corporativa. Camilo es un ingeniero y ellos son administradores de empresas. Y es tan familiar, que incluso los hijos de Barrera tienen como “mascotas” a algunos robots. Esta división de labores ha sido exitosa, pues Robotika no da abasto para surtir la demanda.

Al preguntarle por la discusión acerca de si los robots impactan negativamente el empleo en un país como el nuestro, con indicadores de desempleo tan altos, Camilo comparte la historia de un cliente suyo que al instalar sus robots disparó tanto la producción que tuvo que abrir nuevas plantas generando más empleo. “Incluso a los empleados que fueron originalmente desplazados por el robot les asignaron nuevas funciones en la misma empresa”.

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