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Kristina Cordero, académica experta en literatura y tecnología: «Aunque suframos, los escritores no queremos que nos roben la experiencia»

Kristina Cordero, académica experta en literatura y tecnología: «Aunque suframos, los escritores no queremos que nos roben la experiencia»

Por: Luis San Martín Arzola

La académica, traductora y escritora, nacida en Estados Unidos y radicada en Chile hace más de veinte años, habla sobre la importancia de discutir sobre la emergencia de la inteligencia artificial en los ámbitos artísticos y educativos

Navegando entre dos mundos, Kristina Cordero siempre ha estado ligada al arte, especialmente a la literatura, pero actualmente desempeña su trabajo dando consultorías a particulares y empresas en distintos lugares del mundo. Mediante las ventajas del teletrabajo, desarrolla su actividad en una modalidad a la que ella le encuentra ventajas pero también una enorme desventaja: el encierro. Como muchos, se obliga a salir a pasear para despegarse de la pantalla.

Licenciada en Lenguas Romances por la Universidad de Harvard y doctora en Ciencias de la Computación por la Pontificia Universidad Católica de Chile, su especialidad son las publicaciones, ya sea infantiles o de arte y no ficción. Sin embargo,  la tecnología ocupa un espacio importante en su vida y forma parte de su formación, investigaciones y la curiosidad que la guía.

Como muchos otros académicos, también se pregunta cómo cambiará la inteligencia artificial el mundo de la literatura, los libros y la propia industria editorial. Para para aludir a lo que piensa sobre el auge de la IA y su implicancia en la escritura, y reflexionar sobre lo que podemos perder cuando trabajamos con ella, cita con constancia el discurso de William Faulkner, un coterráneo suyo, cuando recibió el Premio Nobel en 1949: “Siento que este premio no lo recibo como hombre, sino por mi trabajo. El trabajo de toda una vida con la agonía y el sudor del espíritu humano, no para la gloria y mucho menos con fines de lucro, sino para crear algo que no existía antes”.

Según Reuters, a finales de febrero había más de 200 eBooks en la tienda de Amazon KDP creados por Chat GPT, ya sea como autor o coautor, una cifra que aumenta día a día. Teniendo en cuenta que muchos escritores no son transparentes respecto a su uso, ¿qué te parece esta realidad? ¿Crees que está en juego el producto literario?

Todo este mundo de la inteligencia generativa está impulsado por empresas privadas y un modo de ver como muy norteamericano, estadounidense. Y eso tiene que ver con eficiencia y ganar plata. Ahora es casi como ridículo, en ciertos círculos, hablar del simple placer o del valor intrínseco de hacer ciertas cosas uno mismo.

Yo me levanto en la mañana a escribir, porque lo necesito para entenderme a mí misma, eso me importa y yo le dedico tiempo. Por el otro lado, todo este mundo en el que vivimos, el Chat GPT, está ocurriendo al mismo tiempo que una crisis de salud mental brutal entre adolescentes y viejos. Todo eso está ocurriendo al mismo tiempo, y eso es muy curioso. Estamos “personalizando” el aprendizaje en un momento en que los alumnos están súper frágiles postpandemia y necesitados de más apoyo humano y psicológico, y sintiendo los efectos de la despersonalización de la vida diaria.

Esos libros que están escritos por Chat GPT, que al final igual están alimentados por seres humanos, son como los libros del aeropuerto; existen y pueden existir. Hay gente que puede elegir leer esos libros y tienen su público; algunos escritores también van a echar mano a la tecnología, para la página en blanco, para jugar, para desarrollar ideas. No es terrible que un escritor consulte y use estas herramientas de alguna manera. Ese miedo es tecnofobia, una visión apocalíptica que tiene que ver con el miedo a que las máquinas nos reemplacen. Ahora, yo creo que es bueno que haya escépticos, tecnofóbicos y defensores de lo humano, como un contrapeso al evangelismo tecnológico. Yo creo que ese miedo se ha vuelto realidad y lo hecho por los escritores de ciencia ficción se ha hecho real.

Las herramientas que entrega el desarrollo de esta tecnología también pueden aumentar la productividad del trabajo editorial. Al mismo tiempo, por primera vez en la historia de la Humanidad se ha convertido en una amenaza para la creatividad humana, mucho más que el avance la robótica. ¿Crees que podamos encontrar ventajas en las aplicaciones de la IA?

Es muy positivo lo que está pasando ahora porque está obligándonos a nosotros, que somos del mundo de las humanidades, a subir al carro y no tener miedo de la tecnología, y de meternos y ver cómo podemos coexistir con tecnología. Nos puede parecer, en un principio, que nos asusta, nos parece aberrante, de “ciencia ficción”. Hay que encontrar una manera de coexistir, porque es necesario, tenemos que hacerlo. Faulkner habla de todo esto, él dice que se niega a pensar en el fin del hombre. Hace tiempo una amiga mía encontró que un ratón se había instalado a vivir debajo de su lavaplatos. Y no iba a cambiar de departamento por ello, así que aprendió a convivir con él: “Tenemos un pacto”, me dijo: “Él no me molesta a mí y yo no le molesto a él”. Todos podemos hacer ese tipo de pacto con la tecnología si queremos.

De todos los que somos editores o que hemos sido correctores, no creo que nadie diga “prefiero que Microsoft no tenga spellcheck”. Eso es un ejemplo súper mínimo de la ayuda que puede representar también, pero lo importante es que nosotros tomemos esa decisión. ¿Queremos seguir usando personas para corregir ese tipo de cosas o podríamos imaginar un mundo en que ciertas tareas puedan estar hechas por máquinas?

En mi experiencia editorial, la gente que se dedica a corregir y traducir está capacitada para hacer muchas cosas, no solo traducir y corregir. Suelen ser personas súper responsables, detallistas pero también creativas, intuitivas, thoughtful, como decimos en inglés. Si sus trabajos se reemplazan por máquinas, entonces es una oportunidad para ellos/as de adaptarse y moverse en otra dirección —no necesariamente en otro rubro. Que los traductores tomen más protagonismo como auténticos agentes y embajadores literarios (como deben ser), por ejemplo. Falta mucho para eso, personas que pueden ser puentes entre diferentes culturas. Que los correctores se reinventen como asesores, book doctors —que tomen o inventen roles en los que la sabiduría y experiencia humana y profesional es imprescindible.

En el mismo sentido, los correctores de texto temen por el desarrollo de, por ejemplo, Chat GPT, que puede corregir en minutos un escrito largo. ¿Crees que estas profesiones acabarán siendo reemplazadas?

Parte de ese problema se debe a que por el momento la gente que moviliza el mundo de la tecnología, es decir, de la inteligencia artificial, por decirlo de alguna manera, son ingenieros. El ingeniero tiene una forma de mirar el mundo que es radicalmente diferente a la óptica humanista, y parte del problema es que ellos tienen diferentes maneras de abordar problemas y dilemas.

El ejemplo del corrector es súper bueno. Ya existen herramientas como Grammarly, y así ellos sí pueden ahorrar un trabajo que antes hacían los seres humanos, y probablemente lo puede hacer mejor. Obviamente hay excepciones, incluso con cosas como la ortografía, mayúsculas o acentos, en que hay espacios de subjetividad, donde el factor humano puede incidir mejor que un software. Pero en general sí existen áreas en que un computador puede hacer mejor las tareas, simplemente porque no tiene el cansancio de un ser humano.

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La gran pregunta que tenemos que hacer de aquí en adelante es en cuáles de todas esas tareas nos sentimos confiados de que al delegarlas no vamos a estar quitando al lector, al escritor o al editor alguna oportunidad de crear algo nuevo e interesante. Aunque suframos, los escritores no queremos que nos roben la experiencia, porque es el sufrimiento con la palabra la razón de nuestro ser.

Como traductora literaria, ¿qué piensas de la implicancia en la traducción?

Los profesores de literatura, los escritores, los artistas y los traductores tenemos que tomar la decisión de dónde rayar la cancha. Pienso en la traducción, por ejemplo, porque hay ciertos libros que podrías traducir con una herramienta tecnológica. Desde hace años existen herramientas potentes, mucho más allá de Google Translate, que agilizan y mejoran el trabajo de los traductores, y agilizan la gestión de sus procesos de trabajo.

Esas herramientas se usan mucho en la traducción técnica. En el ámbito literario tenemos que tener mucho cuidado, y proteger el metro cuadrado del traductor humano y del pensador, el escritor, el filósofo, el artista y el profesor. Mete un poema a una de estas herramientas de traducción y verás. Pierde todo. Lo más importante es que prevalezca el criterio humano encima de todo esto, es la única manera de salir adelante y fortalecer la autoridad humana en medio de todo. Tenemos que pensar bien qué queremos ceder a las máquinas y qué queremos seguir haciendo nosotros. Ya existimos en un mundo súper distorsionado en donde la palabra escrita no vale mucho (todos los escritores que conozco saben esto), y ceder mucho a estas herramientas es un error. Es tan extraño el mundo en que vivimos, donde las palabras han perdido su valor, pero las imágenes sí cobran precios exorbitantes.

¿Estás de acuerdo con la supuesta moratoria de seis meses en el desarrollo de la IA que propusieron expertos y personalidades como Elon Musk y Yuval Noah Harari, autor de Sapiens? Desde tu punto de vista, ¿crees que estamos viviendo un momento sin precedentes?

Cada cambio de paradigma es sin precedentes. Hemos tenido otros cambios sin precedentes también. La caja de pandora ya se abrió con la AI generativa —hace tiempo, de hecho, pero se aceleró con ChatGPT, que se hizo disponible al público. Encuentro extraña una moratoria porque es imposible de cumplir, pero entiendo el incentivo de que, hasta que se establezcan sistemas de seguridad, el daño podría ser grande (en el sentido de falsas noticias, manipulación de opiniones y hechos). Pero esa actitud también fomenta el miedo, operamos mucho en ese paradigma. Al final no se va a parar y los que metan la cabeza en las arenas van a ser los que más perjudicados se encuentren, porque van a estar más atrasados. Lo mejor que podemos hacer todos es informarnos.

Ya salió [la inteligencia artificial] y tenemos que aprender cómo manejarla. Encuentro notable la cantidad de conversaciones y gente que se está movilizando alrededor de este tema, en sus respectivas áreas. Es la única manera de llegar a conclusiones. Yo creo que de aquí a veinte años esto se verá de manera más clara. Estamos en el ojo de un huracán.

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